martes, 20 de febrero de 2018

Medio siglo de cocina asturiana

Seguimos sin abandonar la bella región asturiana y decidimos visitar un pueblo marinero mágico, el cual ya de por sí solo emite un aura especial por su encanto, hechizo y atractivo: Lastres, donde nos espera un lugar creado para el yantar, concretamente, Casa Eutimio. Si nos dedicamos a tratar de detallar su larga historia, tendremos inicio, pero no fin. No obstante, merece la pena destacar unas pinceladas. Como es menester, el amor por la gastronomía lo heredaron María y Rafael Busta, de sus padres Rafael Eutimio Busta y Aida Rosales, que cuando el Restaurante atendía al nombre de "Miramar", no dejaron de servir miles de sardinas día tras día durante 50 años. Ahí es nada. Enhorabuena.








María no sólo aprendió este noble arte de la cocina de su madre, sino que también pasó una temporada en los fogones de la soberbia Casa Fermín, con el fin de añadirle una visión más moderna a la visión clásica gastronómica, que previamente ya le había enseñado su madre. Y dicho toque moderno, además de en los propios platos que se ofrece, se puede apreciar, sin ningún tipo de dudas, en el interior de la sala, la cual no ha dejado de mejorar en estos años; mesas blancas amplias y con buena separación, paredes tan blancas que dan más sensación de luz y finalmente, una vajilla compuesta por grandes platos y bonitas copas. Por cierto, una recomendación, si tienen la oportunidad, traten de reservar en las mesas pegadas junto al mar. Son maravillosas.







El menú fue sencillo, pero exquisito. 2 entrantes, y el primero de ellos todo un clásico: las croquetas de siempre. Estaban rellenas de jamón, que perdonen mi osadía, pero en mi opinión es, sin duda, el relleno estrella. Y si a ello le añadimos, una fritura limpia y exquisita, además de una bechamel espléndida, pues lo que tenemos es unas croquetas de primera.






Y un segundo entrante, también clásico, pero de altura: pinchos de merluza a la romana. Si es cierto que unas de las grandes especialidades de este local es su afamada merluza al estilo Eutimio, nosotros nos decantamos por algo más ligero, pero que del mismo modo, colmó sobradamente nuestras expectativas. Bravo.








Por último, dado que Casa Eutimio vive al lado del mar y vive del mar, no se podía desaprovechar la oportunidad de saborear un notable pescado al horno, que no era otro que una fresquísima lubina recién capturada del bravo Cantábrico. Textura sobria y sabrosa, bien acompañada de unas tiernas patatas panadera y una jugosa cebolla.






Igualmente, los postres también fueron protagonistas en la jornada gastronómica. Por un lado, el sempiterno arroz con leche. Es casi una obligación el demandar dicho postre una vez que se divisan tierras asturianas, puesto que ellos son los grandes maestros en la elaboración de estos dulces arroces y sus verdaderos impulsores. Rara vez defraudan y, por supuesto, en esta ocasión tampoco lo hicieron.





Para terminar el festival una tarta de queso con sorbete de frambuesa, muy atractiva a la vista, al mismo tiempo que poderosa en su sabor. En realidad, enamoraba a todos y cada uno de los sentidos, dominando su presentación y sabor. Trabajo de los que catalogamos de nota muy alta.






Si son amantes del mar y su gastronomía, hay un lugar muy especial, y ese no es otro que Casa Eutimio.



Última visita: 11/02/18
C/san Antonio s/n 33330
Lastres-Colunga, Asturias

985 85 00 12



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lunes, 12 de febrero de 2018

La maxa del platu asturianu

Hoy nos acercamos a una ciudad donde el mar le ha otorgado un carácter especial tanto en lo meramente social, como en lo gastronómico, que es los que nos ocupa y preocupa. Ese lugar no es otro que la histórica y acogedora Gijón, en cuyo Parador, donde se encuentra el restaurante Tamizia, disfrutamos de la magia culinaria asturiana. Y todo gracias al saber hacer del chef Marcos Serén, el cual a pesar de sus orígenes gallegos, es un auténtico conocedor de todos los productos asturianos.






Así es. Marcos ha fijado su interés en la materia prima que ofrece, bien sea el mar, bien sea la tierra del Principado, para elaborar platos realmente vanguardistas y con toques de originalidad. Estos platos modernos y renovadores contrastan en cierta medida con la austeridad, sobriedad y clásica decoración, en consonancia con el espacio en el cual nos encontramos, que no es otro que un Parador. A destacar, la notable separación entre mesas y sobre todo, los grandes ventanales que nos permiten hipnotizarnos, al observar corretear a las juguetonas ardillas por el Parque Isabel La Católica.







Centrándonos ya en lo gastronómico, el inicio fue más que ilusionante. Cortesía de la casa, y de modo muy acertado, se nos ofrecieron unas croquetas de cocido. Nada mejor que aquello para entrar en calor y entonarnos. La bechamel y textura de la croqueta, espectaculares, pero, sin duda, lo más mágico de todo, el relleno. Su sabor nos hacía recordar al completo compango de una auténtica fabada asturiana. Ya ven, Marcos teniendo presente en todo momento los sabores asturianos.




Entre los platos propiamente demandados por nosotros, todos notables, sin excepción alguna. El primer entrante muy sabroso: rollitos de berenjena rellenos de pisto. Una loa a los vegetales, que incluso hacían rendirse a los comensales más carnívoros y menos amigos de la verdura. Bravo, Marcos.











El segundo entrante fue, este sí, uno de los mimados y favoritos del lugar: cucurucho de chipirones fritos. El calamar frito en Asturias es un producto sagrado que en muy pocos sitios decepcionarán, algo que, lógicamente, tampoco sucedió aquí. La originalidad del cucurucho también destacable. Una manera más divertida para saborearlos.










En cuanto a los segundos platos, una vez más optamos por degustar especialidades típicas asturianas. Por un lado, arroz caldoso con "pitu caleya", trigueros y setas ¡¡Qué vamos a decir del pollo de corral asturiano, que no se haya dicho ya!! Simplemente animarles a que lo degusten, y si va acompañado de un arroz caldoso y con unas sabrosísimas setas, miel sobre hojuelas.






Y el segundo plato principal, como no podía ser de otra manera, el clásico y rey de los fogones asturianos: cachopo relleno de queso de sidra y jamón ibérico. Mucha sutileza mostró Marcos en este plato. No era un simple cachopo, puesto que pocos he saboreado tan jugosos, gracias al relleno y el queso. Ese toque de sidra muy imaginativo y efectivo.






De la misma manera, los postres fueron 100% astures: arroz con leche al estilo tradicional. Es la tierra por la que se reconoce dicho dulce, de modo que casi con toda seguridad en la mayoría de los fogones tendrán el placer de degustar máxima calidad. Su caramelo requemado con el que redondean el plato es insuperable.






Si bien el anterior postre es una joya asturiana, sí que es cierto que en el resto de comunidades también la tenemos la suerte de gozar de su sabor, algo que no sucede con el siguiente dulce: "frixuelos" rellenos de manzana. Podríamos decir que se tratan de unos creps al estilo asturiano, pero es mucho más que eso. Pruébenlo y me cuentan.





En Tamizia del Parador de Gijón disfrutarán de la mejor gastronomía asturiana de modo sosegado y envueltos por la naturaleza. Y es tan difícil encontrar eso...



Última visita: 10/02/18
Avenida Torcuato Fernández Miranda, 15 
33203 Gijón España


985 37 05 11


jueves, 30 de noviembre de 2017

La delicada evolución de la tradición a la vanguardia

Hoy visitamos un restaurante de origen tradicional y familiar, que con la llegada del nuevo chef, que no es otro que Ricardo González Sotres, logró dar un giro de 180º a la cocina que se ofrecía, situándolo en la vanguardia de la más moderna cocina asturiana, e incluso poder obtener recientemente una estrella Michelín. De la cocina tradicional de su abuela Mali Gutiérrez, Ricardo pasó a una gastronomía notablemente más elaborada, sin que el lugar acusara el cambio, de modo que la clientela consolidada, además de comer los productos típicos de la tierra, tuvo el placer de descubrir auténticas joyas gastronómicas. Todo ello en El Retiro en Pancar, Llanes (Asturias).






En cuanto al local propiamente dicho, nada más verlo enamora. El comedor se encuentra en una sala anexa, muy bien acondicionado y con apenas diez mesas, llamando la atención que en algunos casos muchas de ellas carecen de mantelería. Minimalismo hasta la última expresión. Y sin lugar a dudas, lo que más conquista nuestro mágico sentido de la vista es la ligera excavación de la sala en la roca. En un entorno tan especial es donde Ricardo día a día da rienda suelta a su imaginación sin límites, que se fue fraguando hace ya unos años en la escuela del grandísimo Nacho Manzano.







El comienzo fue sublime. Cortesía de la casa, la mesa en un visto y no visto se convirtió en un auténtico festín gastronómico desenfrenado. Mantequilla artesana para acompañar a una finísima tosta de pan; crujiente de algas con erizo, donde el yodo marino seducía nuestro paladar; clásico torto asturiano, pero con toque vanguardista, al ser suflado y con salmón; grandioso cono de quesos asturianos, manzana y membrillo, y por último, un surtido de quesos zamoranos (extrañamente no eran de la tierra), acompañados de un membrillo de manzana casero. Todo sensacional. Inolvidable.





Tras este inicio espectacular, nuestras expectativas no dejaron de crecer, pero afortunadamente fueron plenamente colmadas. Tomamos como entrante un fabuloso arroz con pitu de caleya. El arroz en su punto y jugoso, gracias al pimiento rojo y a la previamente cebolla pochada. Y qué decir del pitu, ese pollo de carne roja y prieta, que corretea libre y se alimenta sin pienso. Pues que gracias a todo ello, el conjunto estaba soberbio y nos encontrábamos ante un plato realmente redondo.







Vayamos a continuación con los tres platos principales. Primero, un pescado ligero: merluza de pincho con un escabeche cítrico, berberechos y algas. Si quisiéramos definir el plato con una palabra, esa sería refrescante. Pero desde luego que no sólo fue eso. Calidad y magnífico maridaje de sabores deberían acompañar a ese adjetivo. Por lo tanto, plato perfecto.






Otro clásico más, pero en este caso de la tierra: solomillo de vaca en su jugo a las brasas de encina. Si es que no era únicamente la carne la que estaba sabrosísima, la elección del fino puré de patata, los champiñones, las pequeñas zanahorias, los rabanitos, fueron todos ellos una acertadísima elección. Bravo.








Y, finalmente, un plato de caza: pichón a la brasa en dos cocciones, calabaza y zanahorias. La textura de la carne y la salsa, ambas dos, perfectas. No obstante, si algo hubiera que criticar al plato, es su falta de originalidad, dado que las similitudes en la composición de este y el anterior eran evidentes. Un punto a mejorar, sin duda.






Buen inicio, buen final. Todo en sintonía, dado que los postres fueron majestuosos. Por un lado, el cremoso caramelizado de azafrán y chocolate helado ¡¡Azafrán en un postre!! Oda a los contrastes y al arrojo, lo que ya por sí merece un reconocimiento y aplauso. Regresando al plato, destacar sus reminiscencias a la crema catalana.







Por último, uno de los postres estandartes de la cocina actual: esponja de chocolate y café o al que se ha optado por denominar en muchos lugares coulant de chocolate. Un tanto convencional, pero exquisito al mismo tiempo, por lo que nos satisfizo.







Emoción gastronómica en plena naturaleza. Eso es El Retiro.



Última visita: 19/11/17
Pancar, s/n. Llanes
Asturias


985 400 240


martes, 7 de noviembre de 2017

Encuentro de tierras asturianas y andaluzas

El Carmen, uno de los barrios más antiguos de la preciosa villa marinera de Gijón, y donde cada vez se pueden encontrar más locales con cocinas de mucho talento, es el lugar escogido para visitar un lugar muy especial: La Taberna Zíngara. Especial no sólo en cuanto a su gastronomía, sino también debido a su origen. El nombre ya nos da una pista. Dicha denominación está dedicada a una gitana húngara, que vivió un sinfín de historias pasionales, bisabuela del propietario llamado Biagio o Blas para la mayoría. Este también, al igual que su bisabuela, tiene una procedencia compleja. Hijo de italiano de la costa napolitana y de andaluza de la costa malagueña.






Recordándonos su procedencia, Blas ha querido traerse consigo más de un plato de la rica gastronomía andaluza, sin olvidar en ningún momento los platos típicos asturianos. De este modo, en la planta principal hay una zona en la que se pueden degustar los mejores vinos de temporada junto a los más típicos platos andaluces. Ya en la planta baja se encuentra el restaurante propiamente dicho con una carta más amplia, donde los productos asturianos también tienen su presencia. Auténtica fusión entre bistró y taberna. Y si a eso le añadimos, que se trata de un lugar moderno, muy bien iluminado y cuidando al máximo los espacios, las expectativas son inmejorables.










El inicio, como mandan los cánones, cuando estamos hablando de gastronomía andaluza: jamón ibérico de bellota del valle de los Pedroches. Tierra cordobesa donde el jamón es religión. Ración considerable acompañada de una salsa similar al salmorejo, que maridaba perfectamente.










A continuación, otro entrante paladín de esa mágica tierra: coquinas de Ayamonte acompañadas de un sabrosísimo arroz. Verdadero manjar. Un simple cerrar de ojos permitía al comensal trasladarse del Cantábrico a la costa andaluza y respirar toda la esencia de su geografía y sabor de su gastronomía. Bravo.














Y llega el momento más glorioso de la velada: espada de pixín a la brasa servido con arroz salteado. Todo espectacular. Un rape terso, como debe ser; las verduras eficazmente escogidas y el arroz magnífico. Llamativa también su presentación en una especie de brocheta de acero, si bien en principio no era muy práctica, resultaba muy vistosa.














Por último, nos enfrentamos realmente encantados a la versatilidad del atún rojo. En esta ocasión degustamos la parpatana del atún, que un servidor desconocía de qué parte se trataba. Muy gentilmente nos informaron de que era la parte que rodea la boca por la parte de abajo, así como la mandíbula y el cuello, siendo idónea para asar. Y doy fe de que lo es. Manjar exquisito.











Si quieren acudir al encuentro entre tierras asturianas y andaluzas, La Taberna Zíngara es el lugar.


Última visita: 06/10/17
Calle Linares Rivas, 1, 
33206 Gijón, Asturias


984 39 54 77


martes, 31 de octubre de 2017

Cuando el gusto y la retina se enamoran

Cuando la gastronomía sirve para algo más que saciar nuestros paladares, hay que buscar ese lugar que ofrece tantas posibilidades. Y dicho lugar podría ser perfectamente el maravilloso y bellísimo Hotel Londres de la Bella Easo. La ubicación es de ensueño. Tener el lujo y placer de poder gozar frente a la playa de la mágica bahía de la Concha de San Sebastián es algo que siempre permanecerá en las retinas de los afortunados devoradores de manjares.








Las instalaciones son señoriales y con varias opciones. Si uno desea disfrutar de la cocina vasca dispone la opción del restaurante La Brasserie Mari Galant, con unos precios muy ajustados. O por el contrario, si lo que prefiere es un buen aperitivo, o bien una buena copa, el bar Swing es su lugar. Y  por último, por supuesto, los sugestivos y hermosos salones del hotel, que precisamente fue el espacio donde nosotros gozamos de una jornada gastronómica inolvidable.









En cuanto a la comida, en línea con la belleza del lugar. Para empezar, un marisco delicado: bogavante asado y servido con ensalada de hojas tiernas y aceite de perejil y trufa. Calidad suprema a lo que se unía la facilidad con la que se desprendía la carne, señal inequívoca de su frescura. Bravo.







Segundo entrante. Lasaña de manzana y foie con espuma de pasas de corinto. En búsqueda de la delicadeza máxima. No sólo se trata de reunir unos ingredientes, ya de por sí individualmente seductores, sino que se busca que conformen una orquesta de sabores. Logrado y con creces. Enhorabuena.








Dado que nos encontramos en un lugar cuyas pautas son la belleza de lo clásico, los platos no podían irle a la zaga. Así que, continuamos con pescado y carne. Medallón de rape oriotarra asado con almejas. El rape, el pescado más cercano por su sabor al marisco, permitió que el nivel culinario continuara en cotas elevadas. Bien elaborado y bien sabroso.






Y por lo que respecta a la carne, otro de los clásicos: solomillo a la plancha con puré de patatas ligero y salsa de Oporto. La pieza muy poco hecha, como le gusta a un servidor, para que el sabor se realce. A destacar, igualmente, el acompañamiento de la crema de puré tan sutil, que redondeaba el plato de forma brillante.








Finalmente, sí que encontramos un pequeño lugar para el postre. Hojaldre de nata con helado de vainilla. Soberbia la calidad del hojaldre. Sospecho que no fue elaborado en el propio lugar, sino que provenía de algún maestro pastelero de la zona. Por el contrario, si se elaboró en el restaurante, mis más sinceras felicitaciones a la sección de pastelería, porque el dulce fue de categoría.




El gusto y la vista al servicio del comensal es la esencia del hotel Londres. Felicidades.




Última visita: 28/10/17
Zubieta, 2
20007 San Sebastián (Guipúzcoa)


943 44 07 70



miércoles, 25 de octubre de 2017

Gastronomía inmaculada

Hoy nos vamos al centro de Bilbao para gozar de un más que interesante menú, concretamente al Asador Zuria, el cual se halla situado en los sótanos de un más que coqueto hotel, que no es otro que el Jardines de Albia. Y el nombre, como en la mayoría de los casos, tiene su explicación. Zuria en euskera significa blanco, color que predomina de manera absoluta en todo los elementos que contiene el restaurante: mesas, manteles, sillas, paredes...







Y dicho blanco inmaculado nos invita a soñar con nuestras mayores fantasías gastronómicas. Todo ello unido a una separación de las mesas más que adecuada, con una mantelería, cubertería y vajilla moderna, que se cambiaba continuamente en los distintos servicios, de modo que las impresiones previas resultaban más que esperanzadoras. Ya sólo faltaba decidir qué comer para poner la guinda al pastel. En esta ocasión no hubo discusión alguna. Un ligero menú degustación para todos.









El menú constaba de dos entrantes y dos platos principales, sin olvidar su correspondiente postre. El inicio con un clásico: las croquetas del Zuria. Exquisitas. Finas, cremosas y con una bechamel magnífica. Por cierto, rellenas con un jamón de calidad, lo cual también ayuda, y mucho.







Un entrante más e igualmente, de los ya asentados en nuestra hostelería: terrina de foie hecha en casa. El que fuera elaborado en el propio restaurante le daba un plus al plato, que todos y cada uno de los comensales celebramos notoriamente.









Momentos importantes. Pescado y carne, carne y pescado. Monta tanto, tanto monta. Para empezar, un pescado de los nuestros: lomo de merluza a la brasa. Ya ven, homenaje a lo tradicional. Con acierto pleno también en lo que respecta al pescado. Enhorabuena.













Y por último, la carne. Un entrecot laminado al carbón con pimientos rojos acompañado de una cremosa salsa de setas espectacular. Como mandan los cánones: costra por fuera, jugosa por dentro y rociado de una sal gorda para darle el toque final. Bravo.










Final épico: tostada del Zuria con helado de queso. Esponjosa y dulce. En definitiva, una auténtica maravilla. Tanto este dulce como las croquetas son sus especialidades, de modo que si tienen la oportunidad, no dejen de apuntársela en su libreta de platos pendientes. Les aseguro que lo agradecerán.






El sabor de lo tradicional nos espera en el Asador Zuria. Disfrútenlo.




Última visita: 14/10/17
Uribitarte, 7
Bilbao (Bizkaia) 48001


944 24 60 80